La idea de que algunas metas personales llegan “a cierta edad” parece cada vez más lejana para millones de jóvenes en el mundo. Comprar una casa, casarse, tener hijos, emprender un negocio o incluso continuar con estudios de posgrado son decisiones que, para generaciones anteriores, formaban parte de un camino relativamente predecible. Hoy, para millennials y Generación Z, esos planes están siendo aplazados por una razón cada vez más evidente: el dinero.
De acuerdo con la más reciente Encuesta Global de la Generación Z y Millennial de Deloitte, más de la mitad de los jóvenes de ambas generaciones han tenido que retrasar hitos importantes de su vida debido a su situación económica. El estudio, basado en más de 22 mil encuestas aplicadas en 44 países, confirma que el costo de vida, la dificultad para acceder a vivienda y la incertidumbre financiera están modificando no solo hábitos de consumo, sino decisiones que antes se consideraban parte natural de la adultez.
Los datos muestran que 55% de la Generación Z y 52% de los millennials han pospuesto decisiones como casarse, formar una familia, emprender un negocio o seguir estudiando debido a la presión económica. La cifra refleja un fenómeno por razones financieras.
En ese contexto, el costo de vida continúa siendo la principal preocupación. Por quinto año consecutivo, 38% de la Generación Z y 42% de los millennials identifican este tema como su mayor inquietud, por encima de otros factores como el desempleo, el crimen, el cambio climático o la geopolítica. Esto sugiere que, más que un tema de aspiraciones, la estabilidad económica se ha convertido en una variable central en la forma en que estas generaciones piensan su futuro.
La vivienda es uno de los ejemplos más claros. El acceso a una casa propia, una meta que durante décadas fue considerada un paso lógico hacia la estabilidad financiera, hoy parece cada vez más distante. Según la encuesta, 69% de la Generación Z y 64% de los millennials aseguran que la disponibilidad y asequibilidad de vivienda influye directamente en decisiones relacionadas con su carrera profesional y el lugar donde pueden trabajar. Además, 51% de los jóvenes Gen Z y 40% de los millennials consideran que simplemente no podrán convertirse en propietarios de una casa.
Este cambio no es menor porque la vivienda históricamente ha sido uno de los pilares de acumulación patrimonial y movilidad económica. Cuando una generación percibe que no podrá acceder a ese activo, también cambia su relación con el ahorro, la inversión y la planeación a largo plazo. No se trata solo de retrasar una compra; implica reconfigurar expectativas enteras sobre estabilidad y patrimonio.
Millennials y Gen Z ven mejoras en sus finanzas personales
Sin embargo, el estudio también muestra señales de moderado optimismo. Aunque la vulnerabilidad financiera sigue presente, una parte importante de los encuestados considera que su situación podría mejorar en los próximos 12 meses. El 50% de la Generación Z y 45% de los millennials creen que sus finanzas personales mejorarán, cifras ligeramente superiores a las registradas en 2025. También disminuyó el porcentaje de personas que reportan vivir al día y el de quienes aseguran tener dificultades para cubrir sus gastos mensuales.
Este optimismo, no obstante, convive con una redefinición de prioridades profesionales. Uno de los hallazgos más relevantes del estudio es que solo 6% de los jóvenes encuestados afirma que alcanzar un puesto de liderazgo es su principal meta laboral. El dato rompe con la narrativa corporativa tradicional que durante años colocó el ascenso jerárquico como sinónimo de éxito profesional.
Las razones detrás de esta percepción son claras. Entre quienes no priorizan posiciones de liderazgo, las barreras más mencionadas son el estrés, el agotamiento, el exceso de responsabilidad y el impacto en el equilibrio entre vida personal y trabajo. En otras palabras, muchos jóvenes no están rechazando el crecimiento profesional, sino cuestionando el costo emocional que implica bajo los modelos actuales de liderazgo.
Eso no significa falta de ambición. De hecho, 76% de la Generación Z y 67% de los millennials dicen estar interesados en alcanzar posiciones de liderazgo senior o ejecutivo en algún momento de su carrera, pero bajo condiciones distintas, como mayor flexibilidad laboral, trayectorias más claras y una mejor compensación.
En términos de negocios y talento, estos hallazgos también representan una alerta para empresas y organizaciones. Las generaciones que hoy dominan el mercado laboral están modificando la definición de éxito, estabilidad y progreso. Para muchas compañías, esto implica revisar no solo políticas salariales, sino también esquemas de liderazgo, desarrollo profesional y bienestar laboral si quieren retener talento joven.
Lo que antes se veía como una generación que “pospone” decisiones, hoy empieza a leerse como una generación que está respondiendo a un entorno económico más complejo. Casarse después, comprar casa más tarde o replantear el liderazgo no necesariamente habla de desinterés, sino de una nueva forma de tomar decisiones en un contexto donde el costo de vida y la incertidumbre pesan más que nunca. Para millennials y Gen Z, el futuro sigue siendo una meta, pero ya no bajo el calendario que conocieron sus padres.

