Alto Perfil número 10

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César Parbat

“Entendí que el liderazgo es influencia y nada más. Hay que influir en la gente”

 

Fotografías: Diego Euroza

Maquillaje: TMC_México

 

César Parbat es mercadólogo, especializado en marketing, finanzas y desarrollo humano. El joven empresario descubrió sus talentos a raíz del trastorno crónico que padece y que le diagnosticaron cuando era adolescente. Por esa razón decidió desarrollarse en varios sectores hasta fundar su propia compañía, Calliz Consulting, empresa de consultoría especialista en Gobierno Corporativo. En esta edición, César nos habla de la carrera de éxito y liderazgo que ha construido.

 

¿Cómo descubriste la importancia de hablar de los talentos natos que poseemos y que nos ayudan a desarrollarnos profesionalmente?

Todo empezó cuando era muy joven, más o menos a los 17, porque me distraía fácilmente y mi mamá se preocupaba mucho. Eso me provocaba angustia y depresión, así que acudí con psicólogos y psiquiatras, y al final el diagnóstico fue TDAH (trastorno por déficit de atención e hiperactividad). Me prescribieron medicamentos, y la pasaba dopado todo el tiempo. En cierto momento no quise estar más así, y empecé a estudiar programación neurolingüística (PNL) con los propios creadores del sistema, con Richard Bandler y John Grinder.

 

Todavía muy joven…

Sí. Hice experimentos conmigo mismo para ver por qué reaccionaba de ese modo, y empecé a aplicar técnicas de PNL. Así comprendí que lo que traía no es malo, y puedo hacerlo productivo. Comencé a trabajar con eso y, curiosamente, encontré una metodología que inventó el psicólogo en fortalezas Donald Clifton. Él dice que todos los seres humanos nacemos con 34 talentos instalados, pero solo cinco de ellos nos llevan a ser extraordinarios. Luego de leer el libro Tus 5 talentos predominantes descubrí que lo que yo tenía no era un defecto, sino talento, y que podía explotarlo.

 

Y te enfocaste más en ese tema…

Estudié todos estos temas, y un poco más sobre la psicología de los talentos, porque son patrones de comportamiento humano. Trabajando en una empresa de fondos de pensión e inversión, me di cuenta de que era bueno analizando los patrones de conducta, del comportamiento de los fondos, de los números y la parte financiera. Descubrí que mis talentos consisten en ser analítico y creativo; otro es la prevención de riesgos, y los combiné. Comencé a invertir en la bolsa, con éxito, y detecté que hay patrones que pueden hacernos exitosos o fracasados, y de ahí parte toda mi metodología.

 

¿Cómo fue el proceso que te llevó a convertirte en líder?

En la empresa donde trabajaba dejé de ser vendedor y me convertí en gerente de ventas. Fue entonces cuando necesité desarrollar el liderazgo, no nada más ganar dinero. No es invertir o multiplicarlo, era cuestión de liderazgo.

 

Ya no es solo saber invertir el dinero, sino descubrir cómo liderar correctamente…

Fue muy retador, porque yo era muy bueno vendiendo e invirtiendo, pero no liderando gente. Entonces, recibí entrenamiento de John Maxwell, la máxima autoridad sobre liderazgo en el mundo entero, y fue un cambio brutal, porque entendí que el liderazgo es influencia, y nada más. Hay que influir en la gente. Después inicié mi consultoría creando una metodología dirigida especialmente al sector latinoamericano. Entre prueba, error, aprendizaje y conocimiento de mí mismo, Calliz nació en 2012. Dos años después, comenzamos oficialmente a dar consultoría a empresarios, siempre enfocados en el tema de los talentos.

 

Háblanos de Calliz Consulting

Tenemos muchas áreas de consultoría, desde capacitación hasta instituir un gobierno corporativo en una empresa, pero el primer factor con el que trabajamos es siempre el talento del dueño de la compañía.

 

¿Cuál ha sido el mayor reto cuando el dueño de una empresa se presenta con poco desarrollo de sus talentos?

Todos tenemos talentos, pero hay una diferencia muy importante en los empresarios; entre ellos hay dos tipos: el que tiene talento pero no quiere desarrollarlo, y el que lo tiene y quiere hacer algo con él. Las estadísticas de ENAPROSS indican que solo a 12 por ciento de las empresas en México, entre más de cuatro millones, les interesa capacitarse, porque el dueño se capacita, se entrena y tiene interés.

 

Valdría la pena aceptar el cambio…

Eso está padre. Hoy, entre nuestros clientes tenemos empresarios que jamás pensaron en capacitarse o entrenarse, y no sabían que tenían talento. Ese es el reto más importante. Cuando el empresario ya está listo, quiere y se enfrenta, de ahí partimos, y lo llevamos a través de una metodología propia, que se llama Montañismo Empresarial.

 

Platícanos de esa metodología…

Nació de mi afición por las montañas, porque a mí me encanta subir a relajarme y meditar. Ahí detecté muchísimos retos que se parecían a las empresas, y lo llevé a la práctica empresarial. Trabajé en analogías con la montaña para explicar al empresario cómo se relaciona el ascenso con su empresa, y las incluimos en conferencias, consultoría uno a uno y con el equipo de trabajo, para empezar a desarrollar a todos sus líderes y a su gente, y cada vez lo pulimos más. Tenemos metodologías vivenciales, en las que llevamos a los clientes a la montaña para enseñarles cómo mejorar sus negocios.

 

¿Cuál ha sido tu historia de éxito?

Hoy somos una consultoría especializada en empresas familiares, porque ese ha sido nuestro mayor reto. Tenemos varios casos de éxito de compañías multimillonarias, las más importantes de todo el país o del mundo, que son empresas familiares.

 

¿Cuál es el mejor consejo para que los empresarios puedan tomar la decisión de contactarte?

Que verdaderamente y de forma científica sepan cuál es su talento y para qué son buenos, porque eso cambia totalmente el panorama. Solo así tendrán la certeza de a qué van a dedicarse el resto de su vida, y desarrollarán todas las habilidades que requieran para que su talento llegue a la cima.

 

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