Cuando una mujer se plantea ser mamá aparecen infinidad de preguntas, desde cuándo será el momento adecuado, cómo lo voy a criar, hasta cuánto cuesta. Usualmente en este último punto se evalúan temas como el costo de la educación, ropa, alimentación y similares.
Y si bien muchas mujeres son sumamente previsoras, ahorran y establecen un plan financiero para enfrentar esta nueva etapa de la mejor manera, hay un costo que no se ve a simple vista y es el costo profesional y patrimonial. Es decir, los ingresos que se dejarán de percibir por el simple hecho de haberse convertido en mamá.
En EE.UU. se estima que tener un hijo para una mujer en una posición media o de alta dirección supone una pérdida de 230 mil dólares en salarios a lo largo de su vida, hay que tomar en cuenta que esto no es por los gastos que genera el nuevo integrante de la familia, sino por lo que se deja de percibir al ser madre, de acuerdo con el estudio “La maternidad divide: El impacto de la Maternidad en los Salarios de Mujeres con Diferentes Niveles de Cualificación”.
En contraste, las mujeres de bajos recursos experimentan una pérdida salarial de tan solo 49 mil dólares a lo largo de su vida, esto porque se vio que sus salarios no variaban mucho si se reincorporaban al mercado laboral tras el nacimiento de su primer hijo. Aunque tenían más probabilidades de abandonar por completo el mercado laboral.
También es importante considerar que el primer año de vida de un bebé puede implicar un gasto de entre 20 mil y 50 mil dólares, dependiendo del lugar de residencia y el nivel de ingresos del hogar. Durante los primeros meses suelen concentrarse desembolsos significativos, desde los costos del parto hasta la adquisición de artículos esenciales como la cuna, el cochecito o la silla de auto.
Panorama de las madres trabajadoras en México
En nuestro país, siete de cada diez mujeres que participan en el mercado laboral también son madres, de acuerdo con datos del Instituto Mexicano para la Competitividad. Esta doble responsabilidad las obliga a gestionar su tiempo entre el desarrollo profesional y la vida personal. A pesar de su creciente presencia en el ámbito laboral, solo el 38.9% logra acceder a posiciones de liderazgo, según cifras de Grant Thornton.
Aun cuando alcanzan puestos de alta dirección, el camino no siempre se sostiene. Cerca del 28% de estas mujeres opta por dejar sus cargos, en gran medida debido a la carga de cuidados. Las mayores exigencias del puesto, sumadas a la falta de condiciones que faciliten equilibrar el trabajo con la maternidad, terminan por empujarlas a tomar la decisión de renunciar.
En el reporte “El Efecto de la Maternidad en el Empleo y los Salarios en México” se muestra que sí es una realidad la penalización laboral de la maternidad y que se traduce en salarios más bajos, tasas de ascenso más lentas.
Señalan que las madres con pareja tienen una penalización laboral del 40% en relación con los padres y del 36% en relación con las no madres. Y su sanción salarial es del 36% también en ambos casos.
Bajo esta línea y de acuerdo con datos de Buk, una plataforma de gestión de recursos humanos, 41% de las mujeres no logran concretar una petición de ascenso, frente al 25% de los hombres, además, esta respuesta negativa es más común si ella tiene hijos o hijas menores de 5 años (47%).
De acuerdo con Pew Research, el 80% de las mujeres se convierte en madre antes de los 44 años, justo en la etapa en la que, en promedio, alcanzan su punto máximo de ingresos. En contraste, los hombres suelen llegar a ese nivel alrededor de los 55 años. Esta diferencia en los ciclos de vida y carrera puede tener un efecto acumulativo relevante en la capacidad de las madres trabajadoras para hacer crecer su patrimonio a lo largo del tiempo.
Cómo romper brechas en el ámbito empresarial
Cerrar estas brechas desde el ámbito empresarial es indispensable, pero también implica transformaciones culturales profundas que tomarán tiempo. Mientras eso ocurre, la maternidad no tendría que plantearse como una disyuntiva entre desarrollo personal y estabilidad económica. La clave está en anticiparse y tomar decisiones más informadas.
Contar con herramientas financieras y asumir un rol activo en la planeación del patrimonio se vuelve fundamental. Una encuesta de UBS realizada a mujeres con alto patrimonio reveló que el 56% de ellas delegaba las decisiones financieras a largo plazo en su cónyuge. La misma encuesta indica que solo el 20% de las parejas participan por igual en las decisiones financieras clave. Es importante expresar sus inquietudes y participar plenamente en las conversaciones que afectarán el futuro financiero de su familia.
