Por Dayanne Morales
Ixtapa Zihuatanejo se consolida como un destino integral donde la infraestructura turística de vanguardia convergen armoniosamente con la mística de un Pueblo Mágico. En esta ocasión descubrimos cómo este rincón de Guerrero se renueva a través del lujo sin desprenderse de su profunda esencia pesquera.
Navegar entre paraísos perdidos
Una de las mejores maneras de iniciar la aventura en el Pacífico es mediante el avistamiento responsable de ballenas jorobadas. Bajo la guía de expertos —como Frédéric Bochet, de Mero Adventures— es posible presenciar el baile de estos gigantes en su hábitat natural e incluso ver interactuar a sus crías.
Para quienes buscan una conexión pura con el entorno, Barra de Potosí ofrece un espectáculo visual inigualable. Al amanecer, la laguna y el mar se funden en tonos dorados para crear una atmósfera de paz absoluta. Este ecosistema no solo se admira, también se protege: iniciativas como Tesoros de la Costa trabajan para impulsar la pesca sustentable y fortalecer a las comunidades locales. Además, el sitio es ideal para el buceo o el snorkel, pues científicos han identificado cerca de 68 especies de peces en la zona.

La odisea gastronómica del mar
La cocina guerrerense es un homenaje a la identidad y la hospitalidad; pocos lugares transmiten con tal fuerza sus tradiciones e historia. Para empezar el día con el auténtico sabor regional, nada se compara con un desayuno tradicional costeño en Carmelitas Café. La chef Carmelita Ramírez hace sentir a los comensales en casa con sus tortillas hechas a mano, ingredientes frescos y relatos fascinantes; cada guisado se elabora con pescado y vegetales del día.
Tras una jornada de exploración, el mejor lugar para culminar con una cena sensorial es Angustina. El restaurante del chef Felipe Meneses —galardonado también con el premio 250 MX 2026— rinde un tributo vivo a la cultura estatal, transformando recetas ancestrales con mezcal, especias locales y diversas presentaciones de pescado fresco.
Riqueza histórica y arquitectónica
La metamorfosis del destino se manifiesta en sus espacios más emblemáticos, donde el pasado se entrelaza con una visión renovada. Un punto clave es el Partenón de Zihuatanejo, la majestuosa mansión de inspiración griega construida originalmente por Arturo El Negro Durazo. Tras ser rehabilitada por el gobierno, hoy funciona como un centro cultural que conserva estatuas y piezas originales en sus salas de exposición y teatro al aire libre.
Esta evolución se complementa con el Paseo Capricho del Rey —un corredor diseñado con amplios andadores para disfrutar de la brisa marina— y el Museo Arqueológico de la Costa Grande (MACOGRA), espacio dedicado a preservar el patrimonio prehispánico de la región. Finalmente, para llevarse un pedazo del corazón de Guerrero, el Paseo del Pescador resulta imperdible; este andador conecta playas y tradiciones, albergando el taller de artesanías El Jumil, así como esculturas alusivas a las regiones del estado.

El refugio del lujo moderno
Para los amantes de la naturaleza y la exclusividad, el Hotel Sunscape Dorado se posiciona como el anfitrión ideal. Su ubicación frente a la Bahía del Palmar ofrece vistas espectaculares desde balcones privados —sitios privilegiados para observar ballenas de diciembre a marzo—.
El resort redefine el concepto todo incluido al ofrecer seis opciones gastronómicas, que abarcan desde restaurantes a la carta hasta un original food truck. Con actividades deportivas para todas las edades y barras de bebidas ilimitadas, el complejo garantiza una estancia donde la comodidad y la diversión convergen en un entorno tropical de primer nivel.

