El futbol mueve pasiones, audiencias y miles de millones de dólares, y aunque parezca difícil de creer también puede influir en el comportamiento de los mercados financieros. De acuerdo con un análisis realizado por los economistas Alex Edmans, Diego García y Øyvind Norli, las derrotas de las selecciones nacionales en torneos internacionales suelen estar acompañadas por retrocesos en las bolsas de valores de los países afectados.
El estudio analizó más de 1,100 partidos internacionales disputados por 39 países y encontró un patrón consistente. Tras una derrota, especialmente en encuentros de eliminación directa, los mercados bursátiles registran rendimientos inferiores a los habituales durante la siguiente jornada de operación.
Cómo impactan los resultados de futbol en la economía
Los investigadores sostienen que el fenómeno no responde a cambios en los fundamentos económicos, sino al impacto que tiene el resultado deportivo sobre el estado de ánimo colectivo de los inversionistas. Cuando una selección es eliminada de un torneo de gran relevancia como es la Copa Mundial de la FIFA 2026, el sentimiento negativo puede traducirse en decisiones de inversión más conservadoras y, en consecuencia, en presiones sobre los índices bursátiles.
El efecto es más evidente conforme aumenta la importancia del partido. En las fases eliminatorias del Mundial donde una derrota implica el fin de la participación del equipo nacional, las caídas bursátiles observadas por los autores fueron considerablemente mayores que en partidos de fase de grupos o encuentros clasificatorios.
Otro hallazgo relevante es que las victorias no generan un efecto positivo de la misma magnitud. La investigación concluye que las pérdidas deportivas tienen un impacto emocional más intenso que los triunfos, un comportamiento consistente con diversos estudios de psicología que muestran que las personas reaccionan con mayor fuerza ante una pérdida que ante una ganancia equivalente.
Los autores también identificaron que este comportamiento suele ser más marcado en países donde el futbol ocupa un lugar central dentro de la cultura y entre empresas de menor capitalización bursátil, cuyos inversionistas son predominantemente locales y, por tanto, más susceptibles al sentimiento colectivo generado por el desempeño de la selección nacional.
