La economía global llegará a 2026 en un estado de «tensión madura». Tras superar los choques inflacionarios de años anteriores, el mundo se enfrenta a un desafío más profundo y estructural. Si bien el crecimiento se proyecta «robusto» (en torno al 2.8% global), la superficie de calma oculta corrientes de riesgo que los directivos deben monitorear con precisión quirúrgica.
La Desconexión entre Expectativas y Realidad
El principal peligro para 2026 no es una recesión clásica, sino el riesgo de mercado por valoraciones excesivas. Wall Street ha valorado el escenario actual para la «perfección», descontando un crecimiento de beneficios de doble dígito (13-15%) impulsado por la Inteligencia Artificial.
La Amenaza principal es si la IA no logra demostrar una monetización clara o mejoras de productividad medibles en los balances del primer semestre, podríamos ver una revalorización abrupta de activos. Una corrección en las «Magníficas 7» o en el sector tech podría secar la liquidez global de la noche a la mañana.
La Regla de Sahm y el Fantasma del Desempleo
En Estados Unidos, el desempleo ha escalado hasta el 4.6%. Estamos peligrosamente cerca del umbral del 4.8% que activaría la «Regla de Sahm», un indicador histórico que casi siempre precede a una recesión. Para el empresario mexicano, esto significa que el motor de exportación podría enfriarse justo cuando México enfrenta sus propios retos internos.

¿Cuál es el impacto Geopolítico?
La fragmentación en bloques comerciales obliga a las empresas a operar cadenas de suministro redundantes. Esto genera una inflación estructural que impide que los bancos centrales bajen las tasas de interés tan rápido como el mercado desearía, manteniendo el costo del capital elevado durante todo 2026.
México en el Epicentro
Para México, el riesgo global se aterriza en una fecha específica: julio de 2026, el inicio de la revisión del T-MEC.
La incertidumbre sobre las reglas de origen y la implementación de reformas internas (judicial y energética) podría frenar la inversión extranjera. El nearshoring corre el riesgo de pasar de ser una realidad industrial a una narrativa de escritorio si no se dan señales de certidumbre institucional antes del tercer trimestre.

El liderazgo en 2026 exigirá disciplina de capital. El riesgo principal es la complacencia ante un mercado que parece estable pero que está operando al límite de su capacidad. La resiliencia ya no es solo sobrevivir, sino tener la liquidez suficiente para pivotar cuando la perfección de los mercados se encuentre con la realidad de los datos de empleo y comercio.