MUNDIAL 2026, ¿SÍ O NO?

Redacción Alto Perfil

La Copa Mundial de Futbol de la FIFA 2026 no se medirá únicamente por lo que ocurra dentro de los estadios. En México, el torneo se vivirá en plazas públicas, corredores turísticos, aeropuertos, hoteles y restaurantes, donde el futbol detonará una de las mayores dinámicas de consumo y movilidad de los últimos años. Más que un evento deportivo, será un fenómeno económico transversal.

De acuerdo con estimaciones de Deloitte, el Mundial 2026 aportará en el país 2 mil 730 millones de dólares en valor agregado, equivalente al 0.14% del PIB nacional, y generará 112,200 empleos temporales, es decir, el 0.19% del empleo total. La derrama se concentrará en gastronomía, hospitalidad y transporte, pero también alcanzará sectores como tecnología, infraestructura, comercio minorista y servicios financieros.

La primera gran postal no estará necesariamente en las gradas. Los Fan Fests concentrarán a millones de aficionados que vivirán la competencia sin boleto en mano. En México se estima la asistencia de 4.2 millones de personas. La Ciudad de México será el epicentro: el Zócalo podría recibir 2.2 millones de asistentes. Monterrey sumaría 1.1 millones en el Parque Fundidora y Guadalajara 900 mil en la Plaza Liberación. Cada pantalla gigante instalada será, en realidad, una plataforma de consumo masivo.

El impacto en alimentos y bebidas es particularmente relevante. Se estima que bares y restaurantes podrían generar hasta 563 millones de dólares adicionales durante el torneo. En paralelo, el turismo posterior al evento crecería 23%, impulsado por la exposición internacional y la experiencia positiva de visitantes nacionales y extranjeros.

La economía que se juega fuera de la cancha

A diferencia de otras ediciones organizadas por una sola nación, México compartirá la sede con Estados Unidos y Canadá, lo que implicará una distribución distinta del flujo de visitantes internacionales. Sin embargo, esta condición abre una ventana estratégica: fortalecer el consumo interno y potenciar el turismo regional. El Mundial será menos dependiente del visitante extranjero y más sostenido por una celebración extendida en espacios urbanos.

El antecedente internacional confirma el potencial. En la Copa Mundial de Futbol de la FIFA 2018, Rusia generó aproximadamente 5 mil 400 millones de dólares en ingresos vinculados al evento; en la Copa Mundial de Futbol de la FIFA 2022, Catar alcanzó 7 mil 600 millones, apalancando infraestructura, hospitalidad y posicionamiento global. Los mundiales no solo dejan estadios renovados; reconfiguran cadenas de suministro, aceleran proyectos urbanos y fortalecen la marca-país.

Para México, el reto será convertir el pico de consumo en legado estructural. Los recintos deportivos y los espacios públicos serán nodos de actividad económica, pero la verdadera oportunidad estará en la profesionalización del sector turístico, la digitalización de servicios, la mejora en movilidad y la coordinación entre iniciativa privada y autoridades.

El Mundial 2026 redefine el impacto del futbol en México. Menos boletos en mano, más plazas llenas; menos gradas, más mesas ocupadas. Una fiesta que convierte cada gol en una oportunidad de negocio y cada reunión pública en un motor de crecimiento para la economía nacional.

Te puede gustar