Por Cirze Tinajero
Fotos Cortesía The Set Collection
Hasta hace unos años un viaje de lujo significaba recorrer Europa o Asia por varias semanas, hospedarse en un complejo de múltiples habitaciones -digno de una estrella de Hollywood-. y reservar en restaurantes que aparecían en la guía Michelin. Hoy, los expertos aseguran que ese tipo de itinerarios son obsoletos y que quienes realmente son luxury travelers van más allá.
El lujo ya no reside únicamente en el dónde, sino en el cuándo y, sobre todo, en el cómo. Se trata de momentos irrepetibles, de experiencias diseñadas para permanecer en la memoria mucho después de haber terminado el viaje.
Bajo esta nueva mirada surge con fuerza el llamado Live Tourism, una tendencia que redefine la planeación de los itinerarios. El viajero ya no elige primero el país, sino el acontecimiento. Un concierto, una muestra de arte, una carrera de Fórmula 1 o un gran evento deportivo se convierten en el eje rector del viaje.
“Se fijan más en las experiencias que en cualquier otra cosa. Ya no se trata tanto de viajeros de lujo que eligen un país y deciden que ese será su destino; ahora, con frecuencia, eligen un momento.
Este tipo de viajes han cambiado de forma silenciosa, pero radical y hoy tienen un gran abanico de experiencias

“Es decir, seleccionan un evento. El ejemplo más evidente es el fenómeno de Taylor Swift, o ahora la Copa del Mundo, pero también aplica para una nueva exposición en Londres, un torneo en París, algún acontecimiento en Tokio. Planifican en torno al evento y en lugar de simplemente llegar e irse, agregan algunos días o incluso semanas, con la intención de conocer realmente el destino o el país que visitan”, comparte en entrevista Robin Stangroom, CEO de The Set, una prestigiosa marca de representación y colección de hoteles y resorts de lujo independientes.
Este tipo de travesías implica que los hospedajes creen sus propios momentos en sus complejos. Es decir, ahí es donde entra en juego la experiencia del huésped, puesto que ya no se trata solo de tener una cama con sábanas de 700 hilos para dormir, sino de integrar toda la experiencia y la cultura del destino en la estadía con el tema del bienestar.
Es una realidad y tendencia actual que los viajeros, especialmente aquellos que ocupan altos puestos directivos, desean cuidar su cuerpo y mente.

Por ejemplo, Upper House en Hong Kong ha lanzado recientemente un programa para aumentar la longevidad hasta diez veces. Éste incluye terapia de oxígeno hiperbárico, saunas de infrarrojos y baños de agua fría. El objetivo, por supuesto, es promover la vitalidad a largo plazo, pero, también resulta muy eficaz para evitar el jet lag o recuperarse después de intensas jornadas de trabajo. O bien, el resort Shinta Mani Wild en Camboya, ofrece un masaje tradicional indígena de cuerpo completo, en seco y sin aceite, que aplica diversas técnicas de acupresión y estiramientos pasivos para aliviar los músculos cansados y reducir el estrés.
Este equilibrio entre innovación y autenticidad es, precisamente, lo que define al nuevo viajero de lujo. Un perfil que ya no busca acumular destinos, sino coleccionar momentos. Que prioriza la personalización sobre la ostentación y que entiende el viaje como una inversión en experiencias significativas.

