Durante años, adquirir una vivienda fue uno de los principales hitos financieros en la vida adulta. Hoy, para la Generación Z, esa meta no solo se ha desplazado, incluso en muchos casos, se ha vuelto inalcanzable en el corto plazo.
El fenómeno no responde únicamente a una falta de interés, sino a una combinación de factores estructurales y culturales que están redefiniendo el acceso a la vivienda en México.
De acuerdo con el INEGI, hay 30.4 millones de personas pertenecientes a la Generación Z, lo que representa el 23.3% de la población del país. Sin embargo, su peso demográfico no se traduce en capacidad real de compra.
El empleo, primer filtro para comprar vivienda
El acceso a una propiedad comienza con algo básico: tener ingresos estables. Y es precisamente ahí donde la Generación Z enfrenta su primera gran barrera.
Según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) de 2025, 8.7 millones de jóvenes de entre 15 y 24 años estaban ocupados entre abril y junio, lo que significa una caída de 476 mil personas respecto al mismo periodo del año anterior. Se trata del único grupo de edad que perdió participación laboral, mientras otros segmentos sí crecieron.
Este desfase implica que muchos jóvenes están entrando más tarde o en condiciones más débiles al mercado laboral, lo que retrasa decisiones clave como independizarse o pensar en adquirir una vivienda.
Ingresos insuficientes y pocas prestaciones
Incluso entre quienes ya trabajan, el panorama no es necesariamente favorable. La precariedad laboral se ha convertido en una constante: salarios que no alcanzan frente al costo de vida, esquemas informales y acceso limitado a prestaciones.
En términos prácticos, esto significa que una gran parte de la Generación Z no cuenta con herramientas básicas para comprar una casa, como historial crediticio sólido o acceso a financiamiento hipotecario. Sin seguridad social o ingresos estables, el camino hacia la propiedad se vuelve cada vez más lejano.
Escasez de vivienda en México
A estas condiciones se suma un problema estructural que agrava el escenario: la escasez de vivienda.
En México, la edad promedio para adquirir una propiedad se ha desplazado hasta los 39 años, de acuerdo con la firma 4S Real Estate. Es una cifra que evidencia cómo el acceso a la vivienda requiere hoy más tiempo que en generaciones anteriores.
El reto se intensifica en lugares como la Ciudad de México, donde el déficit alcanza alrededor de 700 mil viviendas, según explicó Marisol Becerra, consultora estratégica del sector inmobiliario, durante su participación en el foro Mi Vivienda Coparmex CDMX. Este rezago no solo encarece el mercado, también reduce significativamente las opciones disponibles.
Viajar ahora, comprar después
En paralelo, hay un cambio en la forma en que esta generación decide gastar su dinero. Ante la dificultad de acceder a una vivienda en el corto plazo, muchos jóvenes están priorizando experiencias como viajes, conciertos o consumo inmediato.
Lejos de ser una decisión superficial, esta lógica responde a una realidad económica. Cuando comprar casa parece un objetivo distante, el enfoque se traslada al presente. La vivienda no desaparece como aspiración, pero deja de ser urgente.
De acuerdo con la Asociación de Desarrolladores Inmobiliarios, los jóvenes buscan espacios que respondan a su estilo de vida, con mejor ubicación, conectividad y soluciones más flexibles. Esto ha impulsado tendencias como la vivienda vertical, los espacios más compactos y modelos de renta más sofisticados.
Sin embargo, la oferta actual aún no logra ajustarse completamente a estas necesidades, lo que mantiene abierta la brecha entre lo que existe y lo que se busca.
La realidad apunta a una combinación de factores que limitan su acceso:
- Menor inserción laboral
- Ingresos insuficientes
- Falta de prestaciones
- Escasez de vivienda disponible
Decir que la Generación Z no quiere comprar casa simplifica un fenómeno mucho más complejo. La combinación de estos factores ha elevado significativamente las barreras de entrada.

