En el ecosistema empresarial mexicano, donde las compañías familiares generan cerca del 85% del PIB, la palabra sucesión ha dejado de ser un tabú para convertirse en una prioridad estratégica. Sin embargo, el traspaso del mando ya no se limita a una firma ante notario; hoy, el reto es la transición hacia la Economía del Legacy, un modelo donde el patrimonio convive con la disrupción digital.
El Choque de Dos Mundos
Históricamente, el patriarca mexicano basaba su éxito en la resiliencia y las relaciones personales. La nueva generación, los llamados NextGen, llega con una formación global y una mentalidad data-driven. El desafío para las familias no es solo decidir quién ocupará la silla, sino cómo transformar un modelo de negocio tradicional en uno capaz de competir en la era de la inteligencia artificial.
Las familias que están liderando esta transición han implementado tres pilares fundamentales:
- Institucionalización Temprana: El uso de protocolos familiares que separan las emociones de la operación. Ya no basta con el apellido; se exige meritocracia y experiencia externa antes de ingresar al consejo.
- Digitalización del Patrimonio: La creación de Family Offices que no solo gestionan activos inmobiliarios, sino que invierten en venture capital y tecnologías emergentes, diversificando el riesgo del negocio principal.
- Liderazgo Híbrido: Un periodo de coexistencia donde el fundador aporta la sabiduría del mercado y el sucesor implementa la agilidad tecnológica.

El Protocolo como Salvavidas
En México, solo el 30% de las empresas familiares sobreviven a la segunda generación. La diferencia entre la permanencia y la extinción radica en la profesionalización de la selección de contenidos estratégicos y la gobernanza. Las familias de alto perfil están integrando consejeros independientes que actúan como árbitros, asegurando que la visión del Legacy sea una hoja de ruta y no un ancla al pasado.
La sucesión en la era digital no es el fin de una era, sino el lanzamiento de una plataforma de innovación. El verdadero legado ya no es el edificio o la fábrica, sino la capacidad de la familia para reinventarse sin perder sus valores fundacionales. En este nuevo tablero, el éxito se mide por la relevancia tecnológica y la cohesión familiar, un equilibrio delicado que definirá el futuro económico del país.