Brasil se encuentra en una de las encrucijadas más determinantes de su historia moderna. Por un lado, el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva busca consolidar al país como una «superpotencia verde» y protectora de la Amazonía; por otro, la presión económica ha llevado a apostar por la apertura de la última gran frontera de hidrocarburos del país: el Margen Ecuatorial.
Esta vasta región costera, que se extiende desde el estado de Amapá hasta Rio Grande do Norte, contiene lo que muchos llaman el «Presal del Norte», una reserva que promete revitalizar una economía que ve con temor cómo sus yacimientos actuales comenzarán a declinar en la próxima década.
El estuario del amazonas: un santuario en riesgo
El punto de mayor fricción se encuentra en el bloque FZA-M-59, ubicado frente a la desembocadura del río Amazonas. Científicos y ambientalistas advierten que esta zona alberga un sistema de arrecifes de coral único y poco estudiado, además de ser una ruta migratoria crítica para especies marinas.
A diferencia de las perforaciones en el sureste del país (Río de Janeiro), las corrientes marinas en el Margen Ecuatorial son extremadamente fuertes y complejas. Un eventual derrame en esta zona no solo afectaría las costas brasileñas, sino que, debido a las corrientes transatlánticas, podría llevar el crudo hacia las Guayanas y el Caribe en cuestión de días, desatando un conflicto diplomático y ambiental sin precedentes.
¿Por qué los brasileños apoyan la perforación?
A pesar de las advertencias de figuras como la ministra de Medio Ambiente, Marina Silva, el apoyo popular a la exploración petrolera ha crecido significativamente. Este fenómeno se explica por tres pilares fundamentales:
Soberanía Energética: La percepción de que Brasil necesita asegurar sus propias reservas para evitar la dependencia de precios internacionales volátiles.
Desarrollo Regional: Los estados del norte de Brasil, históricamente más pobres que el sur, ven en las regalías petroleras una oportunidad única para financiar infraestructura, hospitales y escuelas.
Transición Financiada: El argumento del gobierno es que los beneficios del petróleo servirán para financiar la transición hacia energías renovables, una «última gran inversión» en fósiles para saltar hacia la economía verde.

La batalla institucional en el ibama
La decisión no ha sido fácil. El organismo ambiental brasileño (IBAMA) ha negado licencias en el pasado citando «deficiencias estructurales» en los planes de emergencia de Petrobras. Sin embargo, la presión política ha escalado, llevando a una reestructuración de los planes técnicos para garantizar que la exploración sea «quirúrgica».
El desafío para Petrobras es demostrar que puede operar en un entorno de aguas profundas con corrientes extremas sin repetir desastres como el del Golfo de México, algo que para muchos activistas es un riesgo técnico imposible de mitigar totalmente.