Sin embargo, cuando un activo sube tanto, tan rápido y con tanto ruido alrededor, surge una pregunta inevitable: ¿sigue teniendo sentido entrar ahora o este es un tren que ya pasó? Para responderla, es indispensable analizar los riesgos.
El primero es la valuación. NVIDIA cotiza con múltiplos que descuentan un crecimiento muy agresivo a largo plazo. Esto deja poco margen de error. Cualquier desaceleración en la inversión en IA, ajustes en el gasto de capital de las grandes tecnológicas o señales de saturación en la demanda podría traducirse en correcciones abruptas.
A esto se suman los riesgos geopolíticos. Las restricciones de exportación de Estados Unidos hacia China limitan el acceso de NVIDIA a uno de los mayores mercados del mundo. Aunque la empresa ha buscado adaptar su oferta, la incertidumbre regulatoria sigue siendo un factor relevante.
También está la competencia creciente. AMD y los desarrollos de chips propios por parte de gigantes tecnológicos buscan reducir la dependencia de NVIDIA. Si bien hoy su liderazgo es indiscutible, el dinamismo del sector podría acortar distancias con el tiempo.
Finalmente, la compañía depende de terceros para la fabricación de sus chips, especialmente de TSMC, lo que introduce riesgos en la cadena de suministro en un entorno global cada vez más volátil.