El país cerró el 2025 en un entorno económico que confirmó muchas de las advertencias de analistas y empresarios
México inicia el año en un punto de inflexión. La economía exige prudencia para evitar desequilibrios fiscales e inflacionarios, pero también decisión para recuperar la confianza, atraer inversión y generar empleo. Si Gobierno y empresas logran alinear esfuerzos en torno a la certeza jurídica, la productividad y el Estado de Derecho, el país aún puede convertir la incertidumbre en crecimiento sostenido y abrir una nueva etapa de estabilidad y desarrollo compartido. De lo contrario, el riesgo no será solo crecer poco, sino perder una década más.
La pérdida de impulso industrial, la debilidad del consumo interno y la erosión de la confianza institucional dejaron de ser señales aisladas de enfriamiento para consolidarse como un freno estructural al crecimiento. El país llega con una economía vulnerable, presionada por desequilibrios fiscales, tensiones comerciales y desafíos internos que exigirán algo más que ajustes marginales.
A este escenario económico se suma un contexto político e institucional complejo. Las reformas legales aprobadas en los últimos meses han debilitado contrapesos clave y acelerado una deriva hacia lo que diversos especialistas denominan “postdemocracia”: un modelo que conserva las formas electorales, pero concentra el poder, reduce la certidumbre jurídica y eleva el riesgo para la inversión de largo plazo. La incertidumbre institucional no es un asunto abstracto: se traduce directamente en decisiones de inversión pospuestas, proyectos cancelados y menor creación de empleo formal.
Inflación persistente y presión sobre los precios
Aunque la inflación general ha cedido respecto a los picos registrados tras la pandemia y la crisis energética global, la inflación subyacente se mantiene por encima del 4%. Alimentos, transporte y servicios continúan presionando el bolsillo de los hogares y los costos operativos de las empresas. A ello se suman los incrementos al IEPS que entrarán en vigor en 2026 —incluyendo aumentos de hasta 90% en bebidas azucaradas— y que impactarán combustibles, productos procesados y consumo masivo.
El riesgo es claro: un repunte inflacionario que erosione el poder adquisitivo, frene el consumo interno y complique la planeación financiera de las empresas, especialmente de las pequeñas y medianas. La conducción monetaria deberá mantenerse firme, pero será insuficiente sin una estrategia fiscal prudente que permita converger, de manera sostenida, hacia una inflación por debajo del 3%.
La urgencia de revertir la contracción económica
La actividad industrial cerrará 2025 con caídas acumuladas y la inversión fija bruta permanece en terreno negativo. La desinversión crónica se ha convertido en uno de los principales lastres de la economía mexicana. Reactivar el crecimiento exige recuperar el dinamismo de la inversión productiva, particularmente en sectores con alto efecto multiplicador.
México tiene frente a sí una oportunidad que no puede desaprovechar: el nearshoring. Sin embargo, para capitalizarlo se requiere acelerar proyectos estratégicos, mejorar la infraestructura logística, garantizar energía limpia suficiente y fortalecer cadenas de valor regionales. Sin ejecución eficiente y reglas claras, el nearshoring corre el riesgo de convertirse en una promesa incumplida.
El T-MEC: oportunidad o vulnerabilidad
La revisión obligatoria del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá será uno de los momentos definitorios de 2026. Más del 80% de las exportaciones mexicanas dependen de este acuerdo. Mientras Estados Unidos mantiene tasas de crecimiento elevadas y avanza hacia un modelo centrado en inversión productiva, desregulación y competitividad fiscal, México enfrenta el reto de llegar a la mesa de negociación con equipos técnicos sólidos, reglas claras y políticas efectivas de desarrollo de proveedores nacionales.
Especialistas advierten sobre posibles aranceles de hasta 25% en sectores clave como el automotriz, acero y textil, impulsados por tensiones geopolíticas y electorales en Estados Unidos. Aunque empresas exportadoras del clúster industrial reportaron un crecimiento de 13.8% en exportaciones durante 2025, el próximo año exigirá mayor integración regional, cumplimiento estricto de reglas de origen y eficiencia operativa para mitigar riesgos.
Empleo formal: el verdadero termómetro social
La generación de empleo formal se debilitó durante todo 2025, especialmente en industria y construcción. El aumento al salario mínimo, la reducción de horas laborables y mayores cargas regulatorias han incrementado los costos laborales. Aun así, las empresas que han sostenido mejores niveles salariales han sido clave para reducir indicadores de pobreza.
El desafío hacia 2026 es mayúsculo: un crecimiento económico de entre 1% y 1.5%, según el FMI y el Banco Mundial, difícilmente absorberá a la fuerza laboral joven que se incorpora cada año. Superar esta tendencia exige políticas activas de empleo, incentivos a la formalidad y programas de formación dual que vinculen educación y sector productivo. El empleo de calidad sigue siendo el cimiento de la estabilidad económica y social.
Seguridad: condición indispensable para crecer
Ninguna estrategia económica será sostenible sin un entorno de seguridad pública eficaz. La violencia, la extorsión y la impunidad continúan afectando la operación cotidiana de las empresas, encareciendo costos y disuadiendo inversiones. Los altos índices de criminalidad impactan directamente en la cadena de suministro y en la competitividad regional.
Avanzar en la reducción del delito exige fortalecer policías locales, profesionalizar la inteligencia, recuperar territorios y establecer esquemas de cooperación regulada entre autoridades y sector privado. La inversión no florece donde el territorio se gobierna con miedo.
Finanzas públicas bajo presión
El déficit fiscal alcanzó niveles elevados en 2024 y 2025, mientras la recaudación sigue concentrada en pocos contribuyentes. El Paquete Económico 2026 proyecta un déficit de 3.9% del PIB y recortes en infraestructura del 14%, una combinación que agrava la debilidad del consumo y limita el crecimiento futuro.
La disciplina presupuestal es hoy la mejor defensa frente a la incertidumbre. Mejorar la eficiencia del gasto, evaluar resultados y eliminar duplicidades es impostergable. Cada peso público debe traducirse en infraestructura, seguridad o educación, no en gasto corriente improductivo.
Deuda y confianza: el equilibrio delicado
El endeudamiento público ha crecido más rápido que la economía. Si no se contiene, puede comprometer la estabilidad macroeconómica y desplazar recursos destinados al desarrollo. La consolidación fiscal debe ser gradual, pero sostenida, enfocada en fortalecer la inversión productiva y no en financiar desequilibrios permanentes.