En un país donde la política suele ser el punto de partida para construir poder económico, el caso de Manlio López Contreras —conocido públicamente como Manlio Magno— sigue una ruta inversa. Empresario consolidado y propietario de Unimedios, uno de los grupos de comunicación con presencia nacional, su incursión en la esfera pública no responde a la búsqueda de recursos ni a la necesidad de posicionamiento. Responde, según ha declarado, a una inconformidad con el diseño institucional del país.
Tras participar como candidato y conocer el funcionamiento interno del sistema partidista, López Contreras optó por distanciarse de la competencia electoral tradicional. Su apuesta tomó otra forma: impulsar una reforma constitucional desde la sociedad civil.

Una iniciativa con ambición estructural
La llamada Ley Manlio, presentada ante el Senado, propone modificar el artículo 1° de la Constitución para reforzar el principio de igualdad jurídica sin distinciones ideológicas. En términos prácticos, la iniciativa plantea que el Estado garantice un trato estrictamente igualitario ante la ley, eliminando lo que su promotor considera interpretaciones diferenciadas que generan privilegios normativos.
Más allá de su viabilidad legislativa —que dependerá de consensos políticos complejos— el movimiento ha logrado abrir un debate incómodo: ¿cómo equilibrar la protección a grupos históricamente vulnerables con un marco de derechos universales que no fragmente el principio constitucional de igualdad?
La discusión no es menor. En los últimos años, la agenda pública mexicana ha estado marcada por reformas con enfoque de género y políticas de acción afirmativa. Para algunos sectores, estos mecanismos corrigen desigualdades estructurales; para otros, introducen asimetrías jurídicas que deben revisarse.
Influencia regional y redes internacionales
Uno de los elementos más llamativos del proyecto es su dimensión internacional. López Contreras ha buscado interlocución con juristas y legisladores en Estados Unidos y Argentina, explorando la posibilidad de replicar un modelo centrado en la igualdad formal ante la ley. Aunque aún es temprano para medir su impacto real fuera de México, el intento revela una estrategia que combina activismo jurídico, diplomacia privada y capital relacional.
Filantropía y capital reputacional
Paralelamente, el empresario ha impulsado campañas de detección temprana de cáncer en mujeres de bajos recursos, articulando esfuerzos entre su plataforma mediática y redes empresariales y artísticas. Esta vertiente filantrópica refuerza su posicionamiento como actor social más allá del debate legislativo.
En un entorno donde la credibilidad institucional enfrenta niveles bajos de confianza, el involucramiento directo del sector privado en causas públicas suele ser leído tanto como responsabilidad social como estrategia de influencia. La línea, en ocasiones, es delgada.
El desafío político
La iniciativa permanece en comisiones. Como toda reforma constitucional, requerirá mayorías calificadas y negociación transversal. Hasta ahora, su respaldo ha sido más visible en círculos privados que en pronunciamientos formales.
El fondo del debate, sin embargo, trasciende a su promotor. México enfrenta una tensión permanente entre igualdad sustantiva e igualdad formal. ¿Debe el Estado intervenir con políticas diferenciadas para equilibrar condiciones históricas? ¿O debe limitarse a garantizar un piso jurídico uniforme para todos?