La participación de los «Leones de Persia» pende de un hilo. El pasado 11 de marzo, el Ministro de Deportes de Irán, Ahman Donyamali, declaró que actualmente no existen condiciones para que su selección compita en el certamen. Esta postura surge tras el recrudecimiento del conflicto con Estados Unidos e Israel, situación que ha generado un entorno de inseguridad extrema tanto para los futbolistas como para el cuerpo técnico iraní.
A pesar de que el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, aseguró tras una reunión con Donald Trump que el equipo sería bienvenido, el gobierno de Teherán mantiene su escepticismo. El argumento central es que jugar en territorio estadounidense —donde Irán tiene programados sus tres partidos de fase de grupos— es inviable bajo el contexto político actual, especialmente después de los incidentes que han marcado la agenda internacional en los últimos meses.
La propuesta estratégica: Jugar solo en México
Ante la negativa de viajar a Estados Unidos, el embajador de Irán en México, Abolfazl Pasandideh, ha puesto sobre la mesa una alternativa que podría salvar la participación del equipo: trasladar todos sus encuentros a territorio mexicano. La diplomacia iraní ve en México un terreno neutral y seguro, donde la selección podría cumplir con sus compromisos deportivos sin los riesgos logísticos y políticos que implica cruzar la frontera norte.
Esta propuesta busca que los duelos contra Nueva Zelanda, Bélgica y Egipto, originalmente pactados en Los Ángeles y Seattle, se reubiquen en sedes mexicanas como la Ciudad de México o Guadalajara. Aunque el interés de Irán por participar sigue vigente, han dejado claro que su presencia está condicionada a un cambio de sede radical que los aleje de los estadios estadounidenses, una decisión que ahora queda en manos de la discreción de la FIFA.
Consecuencias y el posible reemplazo de Irak
Si la FIFA no accede al cambio de sedes y la federación iraní formaliza su retiro, las repercusiones serán severas. El reglamento establece multas que superan los 500,000 francos suizos y la posibilidad de una exclusión prolongada de futuras competencias internacionales. En el ámbito deportivo, la salida de Irán abriría la puerta para que la selección de Irak, siguiente en la clasificación asiática, tome su lugar en el Grupo G de manera directa.
Mientras tanto, en México la expectativa crece, no solo por el papel que jugará la Selección Nacional como anfitriona, sino por la posibilidad de albergar más partidos de los planeados originalmente si se acepta la petición de Irán. La resolución final definirá si el Mundial 2026 será recordado por la unión de tres naciones o por ser el escenario donde la política terminó por vencer al balón.
