Este metal vive su mejor momento desde 1979 y se espera que tenga un gran 2026
Los futuros del metal precioso negociados en Nueva York se dispararon cerca de 70% en 2025. La última vez que el oro tuvo un desempeño similar, el mundo enfrentaba una combinación explosiva: inflación descontrolada, crisis energética y tensiones geopolíticas en Medio Oriente. Hoy, el contexto no es menos complejo.
Aranceles que distorsionan el comercio internacional, la prolongada guerra entre Rusia y Ucrania, los enfrentamientos entre Israel e Irán y la creciente presión geopolítica sobre el suministro energético han reactivado un patrón conocido: en tiempos de incertidumbre, el capital busca refugio. Y el oro vuelve a ocupar ese papel central.
Para los empresarios y tomadores de decisiones, el atractivo del oro radica en su resiliencia. A diferencia de otros activos financieros, el metal precioso ha demostrado históricamente su capacidad para preservar valor cuando la inflación se acelera, las divisas se debilitan o los mercados financieros se tornan volátiles. “La incertidumbre sigue siendo un rasgo característico de la economía global”, afirma Joe Cavatoni, estratega senior del Consejo Mundial del Oro. En este entorno, el oro se consolida como un diversificador estratégico y una fuente de estabilidad.
Si bien el oro no genera rendimientos como los bonos, este “defecto” se diluye cuando los bancos centrales recortan tasas. En los últimos meses, la Reserva Federal ha reducido su tasa de referencia y anticipa más ajustes, lo que disminuye el atractivo de los instrumentos de renta fija y fortalece la demanda por activos alternativos. No es casualidad que el oro haya superado los US$4,500 por onza troy y que analistas de JPMorgan proyecten precios por encima de los US$5,000 hacia 2026.
El desempeño del metal también ha superado ampliamente al mercado accionario. Mientras el oro avanza más de 70% este año, el S&P 500 registra un crecimiento cercano al 18%. Esta brecha refuerza la narrativa del oro como cobertura frente a escenarios adversos.
Un factor clave detrás de este rally es la compra masiva de oro por parte de los bancos centrales. Desde 2022, estas instituciones han adquirido más de 1,000 toneladas anuales, el doble del promedio de la década anterior. China lidera esta tendencia, buscando reducir su dependencia del dólar y de los bonos del Tesoro estadounidense. La congelación de activos rusos tras la invasión a Ucrania marcó un punto de inflexión: la geopolítica se convirtió en un motor estructural de la demanda de oro.
El fenómeno no se limita al oro. La plata, el platino y el paladio también han registrado alzas históricas, confirmando que los metales preciosos funcionan como protección frente a un mundo cada vez más fragmentado e impredecible.
Para el empresario moderno, el mensaje es claro: el oro ya no es solo un activo defensivo, sino un termómetro silencioso de los temores globales y una pieza estratégica en la construcción de portafolios más resilientes, en un entorno donde la certidumbre se ha vuelto un lujo escaso.