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CHRISTIAN GARCÍA

Por Cirze Tinajero

Cuando cocinar se convierte en contar historias y experiencias

 

Con más de 20 años de experiencia en la industria gastronómica, el chef Christian García ha construido una carrera donde la técnica, la sensibilidad y la gestión conviven con naturalidad. Licenciado en Gastronomía y Artes Culinarias por la Universidad del Caribe en Cancún, cuenta con una maestría en Gestión de Restaurantes por el Claustro de Sor Juana y otra en Desarrollo Organizacional por la Universidad de la República Mexicana, una formación que refleja su visión integral de la cocina como arte, ciencia y experiencia.

 

Yo nací para ser chef… tuve la habilidad de hacer que las cosas fueran ricas”, recuerda. Su historia comienza temprano: desde los siete años trabajó en la tortería y taquería familiar. “Mi infancia se resume en trabajar mucho, ir a la central de abastos, cargar, pero aprender a conectar con los ingredientes: tocarlos, olerlos, sentirlos”. 

 

Esa conexión emocional se convertiría en el sello de su cocina. Reconocido por su sensibilidad para conectar con los sabores, las raíces y las emociones, Christian no concibe los platillos sin identidad. 

“No cocino solo comida, cocino historias, memorias y emociones. Un restaurante no vende comida, vende experiencias. La cocina es un vehículo para transmitir emociones, desde un platillo de alta cocina hasta una quesadilla en comal de barro. Todo comunica”, afirma. 

Su trayectoria internacional lo llevó a Escandinavia, donde encabezó la apertura y dirección del restaurante mexicano más grande de Noruega, Coyo, con capacidad para 350 comensales. 

“Nadie había llevado los desayunos mexicanos a Noruega: chilaquiles, enchiladas, pan dulce… Ahora en Oslo saben distinguir un taco real de un Tex-Mex.Cuando sales al mundo te das cuenta de la enorme responsabilidad de representar una cocina que es Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad”, dice.

Hoy, de regreso en la Ciudad de México, su enfoque está en la gestión humana de la cocina, especialmente al frente de la cocina del Club 51, lo cual le ha traído varias aprendizajes.

“Ha implicado comprender el sistema de lo que es un club privado, que es muy distinto a la hotelería o a un restaurante tradicional. Aquí el menú lo define el socio, no mi ego. Lo más importante es complacerlos”, destaca.

Mirando al futuro, su objetivo es seguir viajando, aprendiendo y especializarse en neuromarketing gastronómico. “Quiero que los clientes se enamoren de la experiencia, que sientan que ese lugar es especial”. Porque, como concluye, “todos pueden cocinar, pero solo los valientes encuentran la excelencia”.

 

 

 

 

Además de su labor en cocina, ha compartido su experiencia como chef instructor en diversas universidades gastronómicas de México, formando a nuevas generaciones de cocineros con el mismo espíritu apasionado que define su carrera.

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