Al cumplirse el primer año de su segundo mandato, Donald Trump no solo ha regresado a la Casa Blanca; ha transformado la arquitectura misma del Estado Federal. Lo que en 2016 fue una insurgencia contra el sistema, en 2026 se ha convertido en una maquinaria de ejecución quirúrgica. Bajo la doctrina de EE.UU., El panorama actual se define por una agresividad geopolítica sin precedentes y una reestructuración interna que busca desmantelar lo que su administración denomina el estado administrativo.
Venezuela e Irán en el Punto de Mira
La política exterior de 2026 ha abandonado el lenguaje de la diplomacia tradicional por el de la asertividad directa. El foco inmediato es Venezuela. Tras los eventos de las últimas semanas y la inestabilidad en Caracas, Trump ha posicionado a EE. UU. no como un observador, sino como el árbitro del destino venezolano, sugiriendo que el control de los activos estratégicos del país es una cuestión de seguridad nacional para el hemisferio.
Simultáneamente, la presión sobre Irán ha alcanzado niveles críticos. La administración ha vinculado la estabilidad de los mercados energéticos globales a la contención total de Teherán, utilizando amenazas de sanciones secundarias que obligan a aliados y adversarios por igual a elegir bandos. El regreso de la propuesta para adquirir Groenlandia no es una excentricidad, sino un movimiento calculado en la partida de ajedrez por el Ártico, donde los recursos minerales y las nuevas rutas comerciales se consideran el oro del siglo XXI.
Economía de Guerra Comercial y Arancelaria
En el plano económico, 2026 marca el inicio de la era de los Mega-Aranceles. La administración ha propuesto gravar con hasta un 500% a cualquier entidad que facilite el comercio de crudo ruso, utilizando el dólar como una herramienta de presión geopolítica. Esta estrategia busca un doble objetivo: asfixiar la maquinaria de guerra de Moscú y forzar una relocalización masiva de la industria hacia suelo estadounidense.
El presupuesto federal para este año fiscal refleja una visión clara: un incremento histórico en el gasto de Defensa, superando el umbral del billón de dólares, financiado mediante recortes drásticos en agencias civiles, educación y programas de salud. Es una economía diseñada para la competencia entre grandes potencias, donde la fuerza militar y la independencia energética son los únicos pilares válidos.

Desregulación y Seguridad Nacional
Dentro de las fronteras, la narrativa está dominada por la Guerra contra el Fentanilo. Al clasificar esta droga como un arma de destrucción masiva, la administración ha difuminado la línea entre la seguridad fronteriza y la intervención militar. Esto ha permitido un despliegue de recursos tácticos en la frontera sur que redefine los derechos de asilo y los protocolos de deportación, ejecutando la operación de retorno más ambiciosa en la historia moderna del país.
Además, la ofensiva contra las instituciones culturales y los medios públicos (como NPR y PBS) subraya un esfuerzo por ganar la batalla cultural. La eliminación de fondos y la revisión de archivos históricos oficiales buscan consolidar una identidad nacional alineada con los valores del movimiento MAGA, eliminando lo que la Casa Blanca define como sesgos ideológicos heredados.
El Nuevo Orden Americano
Lo que está pasando con Trump en 2026 es el despliegue de un poder ejecutivo que ya no encuentra los frenos y contrapesos del pasado. Es un experimento de realismo político llevado al extremo, donde la soberanía absoluta es el fin y la disrupción es el medio. El mundo observa una nación que ha decidido dejar de ser el «policía del mundo» para convertirse en el «propietario del orden», reescribiendo las reglas del juego mientras el resto de los actores globales intentan adaptarse a una velocidad vertiginosa.